Tendade

El telar manual paso a paso: urdimbre, trama y el trabajo diario del taller de tejido

Cómo se monta un telar de lizos, en qué se diferencian los ligamentos básicos y qué cambia según la fibra que entra en la tela.

Material de lectura

Tejer a mano consiste en cruzar dos conjuntos de hilos con funciones distintas. Todo lo demás —el bastidor, los lizos, los pedales, el peine— existe para sostener ese cruce y repetirlo miles de veces con la misma tensión.

Estas páginas reúnen explicaciones de taller sobre el montaje, los ligamentos, las fibras y el cuidado posterior de la tela, ordenadas en el mismo orden en que aparecen cuando se trabaja.

Telar de lizos, calada, batán, lanzadera

Telares de madera montados en el interior de un taller de tejido manual
Telares de lizos dispuestos en un taller. Imagen editorial de archivo, sin relación con ningún taller concreto.
Punto de partida

Un telar manual no fabrica la tela por sí solo: organiza la espera. Los hilos de urdimbre quedan tensos y ordenados durante días, y cada pasada de trama se añade a ese orden previo.

Por eso, en la práctica, la mayor parte del tiempo de un tejido se va en la preparación. Tejer es la fase visible; el urdido, la remetida y el atado son las que deciden si el paño saldrá parejo.

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Cómo está construido un telar de lizos

Las piezas cambian de nombre según la región y el fabricante, pero la función se repite en casi todos los telares de taller.

Un telar manual de lizos se sostiene sobre un bastidor de madera —el castillo— que mantiene alineadas todas las piezas móviles. En la parte trasera, el plegador de urdimbre guarda enrollados los hilos largos; en la delantera, el plegador de tela recoge el tejido a medida que avanza. Entre ambos, la urdimbre pasa por los lizos y por el peine.

Los lizos son marcos que sostienen las mallas por las que se enhebra cada hilo de urdimbre. Al levantar o bajar un lizo, se separan los hilos que lleva del resto y se abre un espacio triangular llamado calada. Por esa calada pasa la lanzadera con el hilo de trama. En los telares de pedales, cada pedal está atado a una combinación concreta de lizos, de modo que el pie elige la calada y las manos quedan libres.

El peine cumple dos tareas a la vez: reparte los hilos de urdimbre a distancia constante y, montado en el batán, empuja cada pasada de trama contra la anterior. Su densidad —número de púas por centímetro o por pulgada— determina en buena medida la finura del tejido.

Piezas que conviene saber nombrar

Plegador de urdimbre
Cilindro trasero donde se enrolla la urdimbre bajo tensión pareja.
Lizos y mallas
Marcos móviles y sus ojales; determinan qué hilos suben en cada pasada.
Calada
Abertura triangular que resulta de ese movimiento y por la que cruza la trama.
Peine y batán
Separan la urdimbre y aprietan la trama; fijan la densidad del paño.
Lanzadera
Pieza que transporta la canilla con el hilo de trama de un orillo al otro.
Plegador de tela
Cilindro delantero que recoge el tejido terminado y libera espacio de trabajo.
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Urdimbre y trama: dos hilos con oficios distintos

La urdimbre corre a lo largo de la pieza y permanece tensa desde el principio hasta el final. La trama cruza de lado a lado y se coloca pasada a pasada. Aunque ambos sean hilo, el trabajo que soportan no es comparable.

La urdimbre sufre roce continuo contra las mallas y el peine, además de la tensión constante del plegador. Necesita un hilo resistente, con torsión suficiente y pocas irregularidades. La trama, en cambio, solo se dobla en los orillos: admite hilos más blandos, más gruesos o con textura, incluso hilados con nudos e irregularidades que en la urdimbre romperían.

Prueba rápida

Se sujeta un tramo de hilo entre las dos manos, se tira con firmeza y se frota contra el borde de una uña. Si se deshilacha o cede enseguida, no debería ir en la urdimbre.

Qué decide cada uno

  • La urdimbre fija el ancho, la densidad longitudinal y la estabilidad de la pieza.
  • La trama define el peso, el tacto y buena parte del color visible.
  • El equilibrio entre ambas —hilos por centímetro en cada sentido— decide si la tela cae o se mantiene firme.
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Del urdido a la remetida: preparar el telar antes de tejer

La preparación tiene un orden fijo y poco margen de improvisación. Primero se calcula la urdimbre: longitud de la pieza, más el encogimiento previsible, más los desperdicios de principio y fin que quedan atados al telar y no llegan a tejerse. A esa longitud se le suman los hilos necesarios para el ancho deseado según la densidad elegida.

El urdido se hace en la urdidera, sobre clavijas que marcan siempre la misma longitud. Durante el recorrido se forma la cruz: un cruce ordenado de hilos que conserva la secuencia exacta en que fueron urdidos. Sin esa cruz, separar después cientos de hilos iguales resulta casi imposible.

Con la urdimbre trasladada al telar y enrollada en el plegador, empieza la remetida: pasar cada hilo por su malla siguiendo el orden que pide el ligamento previsto. Después viene el pasado por el peine, normalmente uno o dos hilos por púa, y el atado a la barra delantera en pequeños ramos de tensión pareja. Antes de tejer la pieza se hacen unas pasadas de prueba con hilo grueso para igualar la tensión y comprobar que no hay hilos cruzados ni mallas saltadas.

Errores frecuentes en el montaje

  • Perder la cruz al trasladar la urdimbre: obliga a rehacer el orden hilo por hilo.
  • Enrollar con tensión desigual: aparecen hilos flojos que no levantan y dejan flotantes.
  • Saltar una malla en la remetida: se ve como una raya vertical continua a los pocos centímetros.
  • Atar ramos de grosor distinto: la línea de tejido avanza torcida.
Cálculo

Qué se apunta antes de urdir

  1. Ancho en el peine y densidad en hilos por centímetro.
  2. Número total de hilos de urdimbre.
  3. Longitud útil de la pieza y número de piezas.
  4. Margen de encogimiento al tejer y al lavar.
  5. Desperdicio de atado, delante y detrás.
  6. Metros totales de hilo y peso aproximado.

Conviene guardar esa hoja junto a una muestra del tejido acabado. Repetir un paño meses después sin esos datos suele llevar más tiempo que tejerlo.

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Tafetán, sarga y satén: los tres ligamentos básicos

Casi todos los tejidos planos derivan de estas tres formas de cruzar urdimbre y trama.

Tafetán

Es el cruce más simple: la trama pasa alternativamente por encima y por debajo de cada hilo de urdimbre, y en la pasada siguiente se invierte. Produce el mayor número de puntos de ligadura posible, de modo que la tela resulta firme, estable y reversible, con la misma cara por ambos lados. Sirve para paños de cocina, lienzos, mantelería y cualquier pieza que deba resistir lavados frecuentes. Con dos lizos basta para tejerlo.

Sarga

La trama pasa por encima de dos o más hilos y por debajo de otros tantos, desplazando el punto de cruce una posición en cada pasada. Ese desplazamiento dibuja las diagonales características. Al haber menos ligaduras, los hilos se acomodan más juntos y la tela gana densidad, caída y flexibilidad; es el ligamento habitual de paños de lana y de tejidos de sastrería. Necesita al menos tres o cuatro lizos.

Satén

Reparte los puntos de ligadura de forma dispersa, sin que se toquen ni formen diagonal visible. La superficie queda dominada por flotantes largos que reflejan la luz de manera uniforme y dan el brillo característico. A cambio, es el más delicado de los tres: los flotantes se enganchan con facilidad y el tejido resiste peor el roce. Requiere cinco lizos o más y suele tejerse con hilos finos y regulares.

Cómo leer el efecto en la tela. Cuantos más puntos de ligadura, más rígida y resistente resulta la pieza; cuantos menos, más blanda, brillante y frágil. Antes de montar una urdimbre larga conviene tejer una muestra de veinte centímetros con el ligamento previsto, lavarla y medirla: el encogimiento y el tacto final rara vez coinciden con lo que se ve en el telar.

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Lana, lino, algodón y seda en el telar

La fibra condiciona la tensión de trabajo, la densidad razonable y el comportamiento de la tela después del primer lavado. Un mismo ligamento da resultados muy distintos según el hilo con que se teja.

En un taller pequeño es habitual reservar el lino y el algodón para urdimbres, por su regularidad, y jugar con lanas y sedas en la trama, donde la textura se aprecia sin comprometer la resistencia.

Nota

Los hilos naturales cambian de comportamiento con la humedad del taller. En invierno, con calefacción, el lino se vuelve más quebradizo y agradece una urdimbre algo menos tensa.

Lana
Elástica y aislante; perdona pequeñas irregularidades de tensión, pero enfieltra con calor, agua y fricción combinados.
Lino
Poco elástico y muy resistente; se ablanda con el uso y el lavado, y gana caída con los años.
Algodón
Estable, regular y fácil de lavar; buena fibra para aprender a calcular densidades.
Seda
Fina, brillante y muy resistente a la tracción; exige limpieza en las manos y en el peine.
Detalle de hilos de lana teñidos enrollados en un telar
Hilos teñidos preparados para tramar. Imagen editorial de archivo.
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Nociones básicas de tinte natural

Teñir con materia vegetal o mineral consiste en fijar color sobre una fibra que, por sí sola, no lo retiene. De ahí el papel del mordiente: una sal metálica —el alumbre es la más común en talleres pequeños— que se combina con la fibra y crea puntos de anclaje para el colorante. Sin mordentado previo, la mayoría de los tintes destiñen en los primeros lavados.

El proceso sigue siempre tres fases: lavado a fondo del hilo para eliminar grasas y apresto, mordentado en baño templado y, por último, tinción con el baño de color. La lana se trabaja con cambios de temperatura suaves para evitar el enfieltrado; las fibras vegetales, como el lino y el algodón, necesitan mordentados más largos o repetidos porque absorben peor.

Hay una diferencia importante entre los tintes que necesitan mordiente y los que no. El índigo, por ejemplo, no se fija por mordentado sino por reducción y oxidación: el hilo sale del baño con un tono verdoso y adquiere el azul al contacto con el aire. Conviene tratarlo como un procedimiento aparte y no mezclarlo con los baños habituales.

Cosas que conviene registrar en cada baño

  • Peso seco de la fibra y proporción de mordiente respecto a ese peso.
  • Material tintóreo, su cantidad y su procedencia.
  • Temperatura máxima y tiempo de cada fase.
  • Número de baños sucesivos aprovechados con la misma materia.
  • Muestra de hilo seco grapada a la ficha.

Los tintes naturales varían de una temporada a otra. Repetir un color exacto no es realista; lo razonable es teñir de una vez todo el hilo previsto para una pieza.

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Cuidado de la tela tejida a mano

Una pieza recién bajada del telar todavía no está terminada.

Al cortar la tela del telar quedan pendientes el remate de los flecos o el dobladillo, la revisión de fallos y el acabado húmedo. Ese primer lavado es el que asienta el tejido: los hilos se reacomodan, la trama se cierra y el paño adquiere su tacto definitivo. Hasta entonces, las medidas tomadas en el telar no son fiables.

Después, el cuidado depende sobre todo de la fibra. La lana se lava a mano en agua templada, sin frotar ni retorcer, y se seca en plano; los cambios bruscos de temperatura y la fricción son lo que provoca el enfieltrado. El lino y el algodón admiten lavados más frecuentes y se planchan mejor ligeramente húmedos. La seda pide jabón neutro, agua fría y sombra al secar, porque la luz directa apaga el color.

Pautas generales

  • Lavar la pieza por separado la primera vez, sobre todo si lleva tintes naturales.
  • Usar jabones neutros y evitar blanqueadores y suavizantes.
  • Secar en plano las piezas de lana; colgarlas deforma el tejido por su propio peso.
  • Guardar doblado con holgura y en oscuridad, mejor que colgado durante meses.
  • Reparar pronto los enganches: un flotante suelto se convierte en un roto con el uso.
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Orden de trabajo en un taller pequeño

Con uno o dos telares, el problema no suele ser el espacio sino la secuencia. Un telar montado inmoviliza la máquina durante semanas, así que conviene decidir el orden de las piezas antes de urdir y no a mitad del proceso.

Separar las tareas ruidosas o sucias —urdir, teñir, lavar— de las que exigen concentración también ahorra interrupciones. Y mantener un cuaderno de urdimbres evita repetir cálculos que ya se hicieron.

Ritmo

Tejer en sesiones cortas y regulares da un paño más parejo que tejer muchas horas seguidas: el batido pierde constancia con el cansancio.

Lista de comprobación antes de cada urdimbre

  • Ligamento decidido y número de lizos disponible.
  • Peine adecuado a la densidad prevista.
  • Hilo suficiente, del mismo lote, para urdimbre y trama.
  • Canillas preparadas con antelación.
  • Muestra lavada y medida.
  • Cuaderno actualizado con cálculos y fechas.
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Qué se publica en Tendade

Tendade es un proyecto editorial dedicado al tejido en telar manual. Publica material explicativo sobre el funcionamiento del telar, la preparación de la urdimbre, los ligamentos, las fibras naturales, las nociones básicas de tinte y el cuidado posterior de la tela, escrito en un lenguaje de taller y sin dar por supuesta ninguna formación previa.

El contenido se organiza como lectura continua, en el mismo orden en que aparecen las tareas cuando se trabaja: primero el telar y sus piezas, después la preparación, luego el tejido propiamente dicho y por último el acabado y el mantenimiento. No hay cursos, ni venta de materiales, ni encargos de tejido: el sitio se limita a explicar procedimientos.

Puede leerse más sobre el planteamiento del proyecto en la página Sobre el proyecto.

Temas tratados

  • Estructura y piezas del telar de lizos.
  • Función de la urdimbre y de la trama.
  • Cálculo, urdido, remetida y atado.
  • Tafetán, sarga y satén.
  • Lana, lino, algodón y seda.
  • Mordentado y baños de tinte natural.
  • Acabado húmedo y conservación.
  • Organización del trabajo con uno o dos telares.
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Contacto

Para dudas sobre los textos publicados, correcciones o sugerencias de temas relacionados con el telar manual, se puede escribir a [email protected]. Es la única vía de contacto del proyecto.

Tendade — [email protected]